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Raúl González estudiante del Colegio Brains de Madrid, ganador de los Premios Extraordinarios de secundaria

Raúl habla con la voz pausada, aparenta más edad que sus 16 años. Busca una explicación a que el 63% de los jóvenes suspendieran el examen y da una respuesta de adulto: "El problema es que en los colegios nos ponen exámenes estrictamente del temario que no abren las puertas al verdadero pensamiento matemático". Él ya está acostumbrado a ese tipo de ejercicios porque se ha presentado a varias olimpiadas matemáticas. Y, aunque anduvo un "poco pillado de tiempo", fue capaz de resolverlo. En todo caso, le parece que el nivel de los alumnos fue "más bajo de lo que esperaba".

Sus padres celebraron su sobresaliente, a pesar de que no es ninguna novedad. En su casa pocas veces se ha oído decir eso de "hijo, ponte a hacer los deberes". Nunca ha hecho falta, si acaso todo lo contrario, a Raúl hay que ponerle freno.

El año que viene podrá dar rienda suelta a sus ganas de aprender. Su nota le ha valido para ser el mejor alumno, al menos de entrada, de la primera generación del Bachillerato de Excelencia de la Comunidad de Madrid. Un proyecto pionero que estrenará el Gobierno regional el próximo curso con la idea de extenderlo más adelante a otros centros.

Aunque la idea de separar a los alumnos buenos de los malos ha recibido numerosas críticas, Raúl cree que es una buena idea. María Luisa, su madre, también tiene muchas expectativas en el proyecto y solo le preocupa la novedad, que los chicos este año sean un poco conejillos de indias. Pero está tranquila porque su hijo tiene mucha ilusión y se va a esforzar. "Mal no puede salir", dice.

Para empezar el nuevo curso, Raúl tendrá que dejar a sus amigos y a sus profesores del colegio privado bilingüe Brains, en la Moraleja. Lo que para la mayoría de adolescentes sería un auténtico drama, para este joven no es más que un pequeño inconveniente con fácil arreglo: "Conoceré gente nueva".

En su antiguo colegio han perdido a uno de sus mejores alumnos. Dice Raúl que lo llamaron para felicitarle y para preguntarle que qué iba a hacer. "Querían que me quedara, pero saben que es una oportunidad", explica. A su colegio le agradece, además, el 10 que también sacó en inglés.

Entre sus próximos 100 compañeros de generación estarán algunos de los alumnos más brillantes de la región. El Bachillerato de excelencia solo abre sus puertas a los alumnos con las mejores notas. Un total de 2.278 alumnos que acabaron la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) con más de un 8 de media se presentaron al examen de acceso, pero solo 210 estaban interesados en una plaza en el San Mateo. El resto querían probar suerte para ver si conseguían uno de los 25 Premios Extraordinarios, que incluyen un cheque de 1.000 euros y un viaje a Roma. Raúl lo quería todo y se lo llevó de calle.

Entre sus prioridades tampoco está un móvil de cuarta generación ni la última videoconsola en 3D. Por eso Raúl aún no sabe qué hará con el dinero. Piensa que quizás lo "ingrese en el banco" e invitará a algo a sus padres. Ahora quiere descansar, al trabajo del curso ha sumado el "extra" del examen de excelencia, que hizo el 7 de julio y que atrasó su comienzo de las vacaciones un par de semanas.

Por eso hasta que empiece el instituto pasará el tiempo en su casa de Alcobendas jugando al ajedrez con su padre, leyendo o tocando el piano, otra de sus pasiones desde que empezó a estudiar música hace cinco años. Lo que seguramente no hará, salvo cuando sus padres se lo pidan, será practicar algún deporte. La educación física es su "asignatura débil" y odia, por encima de cualquier actividad, la natación.

A estas alturas aún se saben pocas cosas sobre cómo será el curso en el San Mateo, pero Raúl puede respirar tranquilo. El centro no tiene piscina y, salvo eso, parece que el resto no tiene secretos para él.
Publicado en EL PAIS